La República Democrática del Congo atraviesa una de las crisis sanitarias más graves de su historia reciente. El brote de ébola que afecta principalmente a las provincias orientales ya ha dejado más de 2,060 muertos y más de 4,400 casos confirmados, cifras que lo convierten en el segundo más grande registrado en el mundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró alerta roja y advirtió que, de mantenerse el ritmo de expansión, podría superar la magnitud de la epidemia de África Occidental de 2014-2016.
Un brote fuera de control
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que el virus «se está moviendo más rápido que cualquier brote anterior». La velocidad de propagación es tres veces mayor que la registrada en África Occidental, donde se contabilizaron más de 28,000 contagios y 11,000 muertes.
La situación es especialmente crítica en Ituri, región marcada por la presencia de grupos armados y limitaciones logísticas que dificultan el acceso de brigadas médicas. Allí, gran parte de los nuevos contagios proviene de cadenas de transmisión desconocidas, lo que complica el rastreo de contactos y la contención del virus.
Factores que agravan la emergencia
Entierros inseguros: muchas muertes ocurren en comunidades sin protocolos sanitarios, aumentando el riesgo de transmisión.
Conflicto armado: la inseguridad limita el despliegue de equipos médicos y humanitarios.
Huelgas y falta de pago: personal sanitario ha reducido su capacidad de respuesta.
Variante Bundibugyo: poco frecuente y sin vacuna ni tratamiento aprobado, lo que agrava la emergencia.






